Aprender poner límites es necesario y a nuestras partes tóxicas tambié. Normalmente hablamos de poner límites a los otros como si con eso fuese suficiente. Y ciertamente es necesario. Más aún saber decir NO sin quedarse anclado en un sentimiento de culpabilidad.
Pero si hablamos de honestidad ¿ No he de ponerme limites a mi mismo/a , a esas partes mías que me hacen daño en mi vida cotidiana?
Por lo tanto tenemos que aprender a ponernos límites a nosotros mismos. Es muy importante. Hemos de atender a esos personajes o pepitos grillos que nos vuelen del revés y nos llevam a echar a perder muchas situaciones de nuestrs vidas. Es necesario hacernos responsables de nosotros/as ,porque henos de empezar a comprender que todo empieza en nosotros/as , con nuestras creencias, pensamientos, actitudes, comportamiento, reacciones, o acciones, excesos, decisiones, carencias, demandas, exigencias , palabras….
la clave es aprender a observarnos con la mayor honestidad posible para detectar nuestras partes tóxicas, las que nos hacen daño, las que nos llevan a repetir historias y experiencias… Nos referimos toda esa gama de comportamientos fruto de reacciones súbitas u descontroladas en ocasiones o sin necesedidad de llegar al descontrol nos aferramos a cómo creemos que debiera ser el muno , mi mundo , la gente , mi entorno y no aceptamos las diferencias o los procesos de cada persona que aparece en mi vida. O me engancho en la continua necesidad de querer tener razón a todo. Observémonos con detenimiento , cariño y respeto para detectar nuestras partes tóxicas.
A esos personajes creados por nosotros/as que habitan nuestra cabecita ( el miedoso/a, la triste, el enfadado crónico, la amargada eterna, la víctima, el dolido o rencoroso…. Etc?) y nos fastidian la vida con su presencia. Con todos los condicionantes, con creencias aceptadas y no cuestionadas, con etiquetas y patrones que se repiten y nos llevan a vivir una y otra vez los mismos tipos de experiencias.
Por eso, los límites también son para nosotros, hay que decirles a esas partes nuestras NO GRACIAS, para dejarlos morir sin más.
Ricardo González Roca Fonteneau